Si consumes demasiada sal, reducir su ingesta puede ayudarte a bajar la presión arterial, tener un corazón más sano, sufrir menos retención de líquidos, fortalecer los huesos y reducir el riesgo de accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, no hay que olvidar que la sal también tiene beneficios. La sal es fundamental para varias funciones corporales: ayuda a regular el equilibrio de líquidos y la presión arterial, asegurando que las células tengan la cantidad adecuada de agua. Los iones de sodio también son esenciales para la transmisión de los impulsos nerviosos y las contracciones musculares, lo que permite la comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Además, la sal es vital para la absorción de nutrientes en el intestino delgado y para producir el ácido estomacal necesario para la digestión. ¡Todo es cuestión de equilibrio!